|
EL CABELLERO DE LA ARMADURA OXIDADA
Robert Fisher
El Caballero de la armadura oxidada no es un libro... Es una experiencia que expande nuestra mente, que nos llega al corazón y alimenta nuestra alma. Sus profundas enseñanzas éticas son de una sencillez y humildad tal que se consiguen interiorizar naturalmente y la riqueza de su prosa nos inunda de belleza. El protagonista, un caballero deslumbrado por el brillo de su propia armadura, a pesar de ser bueno, generoso y amoroso, no consigue comprender y valorar con profundidad lo que tiene, descuidando sin querer las cosas y las personas que le rodean. Su armadura se va oxidando hasta que deja de brillar y, cuando se da cuenta, ya no puede quitársela. Prisionero de sí mismo, emprende entonces un viaje al final del cual, gracias a la ayuda de diversos personajes, logra deshacerse de la armadura que le ha imposibilitado abrirse al mundo. Este libro nos enseña, con un sutil sentido del humor, que debemos liberarnos de las barreras que nos impiden conocernos y amarnos a nosotros mismos para poder ser capaces de dar y recibir amor en abundancia.
|
Una persona no puede correr y aprender a la vez. Debe permanecer en un lugar durante un tiempo.
¡Paciencia! Habeís llevado esa armadura durante mucho tiempo. No podeís salir de ella así como así.
Tendrás un largo y frío invierno, si tienes un corto y frío corazón.
No podeís continuar viviendo y pensando como lo habeís hecho hasta ahora. Fue así como os quedasteis atrapado en ese montón de acero al principio.
Cuando aprendaís a aceptar en lugar de esperar, tendreías menos decepciones.
Todo el mundo comprende las cruzadas, pero muy pocos comprenden la verdad.
Como me conozco, puedo conoceros. Somos todos parte el uno del otro.
Deseó haberla necesitado menos y amado más, pro no había sabido hacerlo.
Solo podeís amar a otros en la medida que os amaís a vos mismo.
-¡He desperdiciado toda mi vida! -No, no la has desperdiciado. Necesitabas tiempo para aprender todo lo que has aprendido.
El conocimiento de uno mismo puede matar al dragón del miedo y la duda.
Aunque este universo poseo, nada poseo, pues no puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido.
En ese instante acepto la responsabilidad de su vida, el reconocimiento de que el era la causa, no el efecto, le dio una nueva sensación de poder.
Casi muero por todas las lágrimas que no derrame.
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario